Abandono en los Niños



ENSAYO FINAL

La situación crítica por que ha venido atravesando Colombia a lo largo de cinco años aproximadamente, debido en primer lugar, al mal manejo de los recursos que posee el país, a las injusticias de diversa índole, a la violencia cada vez más sofisticada y con tendencia a agravarse debido a la misma creatividad de los delincuentes que, al final, son también seres humanos e inteligentes. Tal situación ha lesionado a los diversos grupos humanos, pero principalmente a la parte más débil e indefensa como es la niñez, grupo éste último del cual se ocupa este ensayo.

Por lo anterior, no es difícil encontrar a lo largo y ancho del país numerosos niños abandonados, en extrema pobreza de hambre y desnudez; unos por la violencia intrafamiliar, que al disolverse las parejas dejan los niños a la deriva; otros por la irresponsabilidad de sus padres, e inclusive por el egoísmo de algunos otros.

De acuerdo con las experiencias obtenidas en la investigación realizada con dicho grupo, si bien es impactante la cruel sensación de desamor, desnutrición, agresividad, depresión y otros fenómenos de conducta que presentan los niños, también es alentador el ver la creciente solidaridad que vienen despertando los distintos estamentos sociales en beneficio de dicha población marginada.

El ser humano necesita de los demás congéneres para poder vivir. Al respecto, Martín Baró afirma: “Al socializarse, el individuo interioriza una realidad, un mundo objetivo, y configura su propia identidad personal”, (p. 12).

En este orden de ideas, Baró agrega que el niño conforma su identidad a través de un moldeamiento con relación al conjunto de normas, leyes, valores, exigencias que requiere para hacer y sentirse parte de una sociedad, y por consiguiente, a tener una ubicación en el mundo. Es de acuerdo con esta identificación que el niño aprende en su diario vivir a actuar, a juzgar la vida, a organizar su cotidiano vivir, y a suplir sus necesidades en sintonía con determinado sistema, y en consecuencia, construye un carácter que lo lleva a enfrentarse con su mundo.

La lucha por que los derechos de los niños se cumplan es y ha sido una tarea de muchas personas e instituciones, con el propósito de lograr una vida digna para la infancia, protegerla contra toda forma de abandono y crueldad.

En nuestro país es aún evidente la existencia de algún vacío en el sistema educativo en la formación de la población estudiantil, en el sentido de inculcarle la necesidad de conformar, a su debido tiempo, parejas dignas y bien integradas, capaces de ofrecer a los niños y niñas que engendren, hogares dignos, donde se les garanticen los derechos individuales en forma diversificada y según su edad y crecimiento, disminuyendo de esta forma el grado de vulnerabilidad.

Cuando la soledad es “impuesta”, porque el padre o la madre así lo deciden, el niño la debe asumir y enfrentar, pero, sin duda alguna, con sufrimiento y frustración.

Por lo tanto, nos parecería muy interesante que nuestro proyecto sea leído por todos los padres de familia, pero en especial, por aquellos que han perdido el deseo maravilloso de decir sí a la vida, y/o que por una u otra circunstancia han abandonado a sus hijos, por considerarlos un problema, o, más aún, un simple error de juventud. Esperamos que de este modo se informe con insistencia a los actuales y potenciales progenitores sobre las adversas consecuencias que puede generar en el niño, el sentirse abandonado.

Es por esto que nuestro propósito, en la medida de lo posible, es indagar en algunas instituciones acerca del abandono; consultar la manera cómo tal situación afecta a los niños emotivamente; qué piensan de sus padres; cómo viven esta realidad, y cómo la enfrentan.

En esta dirección, Pereira de Gómez, 1981, comenta que: la presencia de la familia es fundamental en la vida del niño y cuando este vínculo se rompe, no sólo se destruye lo que se considera pedestal en la sociedad sino que cierra las posibilidades de su desarrollo y formación adecuada de su interior como persona.

Asimismo, la autora ya mencionada, dice que: El niño espera de sus padres fundamentalmente amor, autoridad, educación, aceptación, la madre especialmente juega un papel importante, con su presencia y su cuidado maternal permiten que el niño adquiera confianza en si mismo y sobre todo aceptación, alcanzando de esta forma estabilidad y equilibrio y seguridad.

El abandono de los niños no sólo causa o podría causar daños físicos y emocionales, en el momento en que ocurre, sino también durante el resto de sus vidas. Los niños que han sufrido abandono, frecuentemente presentan una baja autoestima, problemas de aprendizaje, aislamiento social, depresión, angustia, problemas de sueño, agresividad, conductas autodestructivas o imprudentes, consumo excesivo de drogas o alcohol y otros trastornos psiquiátricos que pueden continuar en la adultez,(p. 41).

La citada autora también afirma que dentro de la población infantil abandonada se encuentran dos grupos de niños, los que por malos tratos en el interior de su familia recurren a la calle como solución, y aquellos que, pese a vivir en una situación inadecuada, ya sea desde el punto de vista físico, o del psicológico, no abandonan a sus padres, sino que son abandonados por ellos. El abandono deja en el niño un vacío afectivo:
“Ese vacío que sellará sus vidas será la causa de muchas actitudes y comportamientos posteriores, será la causa principal de una manera de ser posterior, cuando intenten incorporarse a una sociedad desconocida, o al menos muy distante de la que hasta entonces han pertenecido. Este problema se asienta en las heridas de la afectividad, en su falta de satisfacción de esa necesidad de amor, de cariño, de atención solícita, como solamente la madre es capaz de prodigar al niño”, (p. 28).

El abandono supone una pérdida afectiva; el abandono total específicamente, consiste en dejar solo al niño sin protección de ninguna naturaleza, es la actitud que manifiestan los padres o madres solteras de renunciar a los deberes que los obliga a responder por sus hijos.

Se trata, por tanto, de un acto personal, por el que el titular del derecho evidencia su renuncia a sus deberes paterno-maternales, desprendiéndose por voluntad propia de su hijo, sin que medie, en algunos casos, ninguna formalidad; por ejemplo, dejándolo en la puerta de un instituto, o entregándolo al mismo; es decir, que delegan definitivamente su interés y toda responsabilidad con respecto a los cuidados paternos o maternos, en las personas que lo tomen bajo su protección. Cabe anotar que el resultado del abandono de un hijo le imprime a éste huellas imborrables que se observarán luego en muchos efectos emocionales como de agresividad, depresión y tristeza.

Patricia, D., 1998. Considera que “los niños abandonados, afectivamente pueden sentirse culpables del fracaso de no tener alguien a su lado que los acompañe y el sentimiento de amor propio y valoración que provienen de la aceptación de los padres o cuidadores no se produce: comienza una dolorosa lucha entre ser ignorado o ser reconocido y aceptado”, (p. 69).

A partir de nuestras investigaciones hemos encontrado algunas consecuencias de actitudes que comporta el abandono de los niños por parte de la sociedad y las formas como estos responden. En tal sentido, a nivel emocional, el niño presenta una fuerte necesidad de recibir afecto, se aferra a quienes se los expresan y el vínculo que empieza a establecer con los otros se convierte en la “única” forma de compensar el vacío afectivo no recibido de sus progenitores. Algunos tienden a recibir fácilmente órdenes de todos, se someten, aceptan cualquier situación y condición para evitar el dolor y el sufrimiento que les genera el sentirse abandonados.

Otra consecuencia es el aislamiento. Algunos niños asumen actitudes de gran silencio como si vivieran en su propio mundo; algunos pierden el deseo por la curiosidad, por la espontaneidad; otros, toman la actitud de dañar y destruir las cosas materiales, juguetes, ropa y los objetos de la casa.

Adicional a lo anterior, Pereira señala también: “un déficit del abandono es el no saber lo que representa un hogar, desconocer las vivencias del hijo de familia, los afanes de la casa… los problemas sentimentales y materiales”, (p. 41).

En una entrevista, la Doctora Pacheco en 2006, expresa que la actitud de la sociedad hacia los niños abandonados es una actitud de lástima por el niño, y reacciona mediante el obsequio de objetos materiales, como juguetes, ropa y regalos de navidad, o festejándolos en el mes de los niños, lo cual no supera un comportamiento netamente paternalista hacia ellos ni mucho menos compensa el vacío dejado por sus progenitores.

Pero lo anterior no evita que se les cause el trauma del rechazo en muchas ocasiones sólo por el hecho de ser niños que no han tenido una vida familiar modelo. Por consiguiente, suele primar el prejuicio de que esos niños a lo largo de su crecimiento, suelen generar actitudes y tendencias inadecuadas social y moralmente, que se conoce generalmente como “niños problema”, niños a los que hay que tenerles cuidado; es más, los padres de los otros niños, afirman que si no retiran a esos niños del colegio, ellos retirarán a sus hijos.

Otra consecuencia, para los niños que experimentan el sentimiento de abandono es la percepción que construyen de sí mismos, acerca de su identidad como personas. Sus pensamientos giran en torno a ideas tales como: “Yo no sirvo para nada”, Nadie me quiere”, “Yo soy el malo y por eso me abandonaron”.

Estos pensamientos producen emociones negativas y de mucho sufrimiento, que conducen a generar comportamientos auto-destructivos y auto-dañinos, reinvirtiendo así, sobre sí mismos, el resentimiento y la ira que podrían expresarse hacia los padres o hacia las otras personas que comparten su coexistencia.

Tales casos se evidencian cuando estos niños y niñas dejan de alimentarse, como posibilidad de auto- castigarse, conllevando a la aparición de trastornos alimenticios, lo cual los llevaría a un alto grado de desnutrición; la culpa asumida por el abandono, los hace pensar en que merecen un castigo, y una de las tantas maneras de recibirlo es no alimentando su cuerpo, de igual modo les surge pensamientos como: “Esto es lo que merezco por ser malo”, y sentimientos de tristeza que pueden transformarse en una depresión, haciendo aún más compleja su realidad y sus ideas de no querer vivir, perdiendo el sentido de su existencia.

Con las indagaciones que hemos realizado en institutos especializados, queremos presentar las opciones de vida que se les brinda a los niños en estado de abandono por parte de entidades, bien sea a nivel público o privado; en este caso enfatizaremos la labor que realizan dos entidades sin ánimo de lucro.

Estas investigaciones vistas desde el enfoque sistémico de Maturana, que concibe que se es humano desde el momento que se es nombrado por otros. “Desde que se es reconocido como un legítimo otro” y se establecen relaciones a través del lenguaje, las cuales generan vínculos.

La primera investigación se realizo en la Misión Madre Leticia, los responsables de esta entidad sin animo de lucro, expresan que el trabajo que se realiza, con los niños y niñas en la misión está encaminado bajo los postulados constructivistas a través del enfoque Narrativo de MICHAEL WHITE.

En cuanto a la práctica terapéutica, se invita al terapeuta enriquecerse con la inteligibilidad terapéutica, a hacer uso de todo lo que le sirva de su contexto inmediato. Esto implica que la construcción eficaz de un significado en el presente va a permanecer a través del tiempo, de las circunstancias, y del contexto de la interpretación.
En el trabajo con los niños y niñas de la misión se parte de la postura de que no existen problemas, causas, fuerzas, estructuras, que no se deriven de las interpretaciones basadas en el pensar común. Por supuesto, esto no significa que “nada existe” o que “nunca se puede conocer la realidad” los malentendidos corrientes del construccionismo, sino que al intentar articular lo que existe, al ubicarlo en el lenguaje, penetramos el mundo de los significados que los niños generan a través de sus interacciones con los más significativos para ellos.
La Terapia Narrativa es una aproximación a la psicoterapia que se centra en las personas como expertas en sus propias vidas y que pueden ver sus problemas separados de ellas. Asume que las personas tienen muchas habilidades, competencias, creencias, valores, capacidades y recursos que los pueden ayudar a reducir la influencia de los problemas en su vida personal.
Portal motivo el trabajo que se está realizando en la Misión con los niños y niñas que experimentan el sentimiento de abandono consiste en contar historias a otras personas (Al terapeuta ) y a ellos mismos. Al contar o narrar estas historias van construyendo los significados en que sus experiencias adquieren sentido.

De esta manera el significado surge de la narración, actividad constante en sus vidas. La modalidad de abstracción que produce el modo de conocimiento narrativo se relaciona con el interés por lo particular. Se ocupa de las intenciones de las acciones humanas en su acontecer histórico. La historia suele surgir de aquello que es particular, de lo inesperado y sorprendente, cosas que no deberían pasar y pasan, que se alejan de lo establecido.
Este pensamiento narrativo no sigue una lógica lineal y de razonamiento verbal o matemático, se fundamenta en imágenes, es analógico. Las imágenes se combinan y juntan en la trama narrativa por la semejanza de sus contenidos y por las similitudes de las tonalidades emotivas que despiertan.
Este proceso terapéutico incluye formas de comprender las historias de las vidas y la forma de recrearlas en un trabajo colaborativo entre el terapeuta y los niños y niñas que han sufrido un abandono por parte de alguno de sus progenitores. Es una forma de trabajo que se interesa en la historia, el contexto circundante que está afectando la vida de los niños y niñas.
El objetivo de la terapia consiste en poder generar en los niños y niñas el cambio de una narrativa dominante, obligante, a una narrativa más esperanzadora y fluida de sus vidas, al realizar este ejercicio se abre la posibilidad de que los niños y niñas vean el problema fuera de sí y comiencen a realizar el proceso de “externalización de problema”, mecanismo muy útil para dar paso a una posibilidad de cambio.
Este ejercicio da cuenta de como se ha transformado la narrativa dominante de un niño a una narrativa mas esperanzadora y llena de fé y seguridad en sí mismo.

La pregunta que nos surge es ¿cómo se sienten estos niños al saber que son rechazados porque supuestamente son un peligro para la sociedad y para los demás niños que sí tiene sus propios padres?

Como hemos expuesto en nuestro proyecto, el abandono de los niños por parte de los progenitores trae grandes consecuencias negativas, en primer lugar, para la persona que es víctima de estos actos y, por consiguiente, para la sociedad misma.

La investigación de nuestro proyecto también fue realizada en la fundación San Cipriano, la cual antes que ser una fundación es ante todo una comunidad que se identifica con el título de una encíclica del papa Pablo VI, denominada “Humanae Vitae”.

Esta comunidad se halla integrada por un grupo de personas en la fe cristiana católica, uno de cuyos objetos principales es acoger niños abandonados por sus progenitores, sin un horizonte de esperanza en la vida, con una historia traumática, frustrante y la característica típica de estos niños que es el hecho de no reconocer una identidad paterna y materna.

Uno de los resultados encontrados en el proceso de niños abandonados, por parte de la comunidad Humanae Vitae, muestra que en la mayoría de los casos los niños presentan comportamientos agresivos, y para orientar esta tendencia, lo primero que hace la comunidad es reunirse y mirar por qué esos niños se comportan de determinada forma, a fin de buscar estrategias para comprender y realizar un proceso de orientación adecuada a su comportamiento.

Así mismo, han descubierto como la mayor dificultad que presentan estos niños, la pérdida de asimilación y la aceptación de una autoridad que nunca tuvieron de sus progenitores.

A través terapias, se ofrece a estos niños una formación integral; se le asigna a cada niño una persona específica para sus cuidados y se trata en la mayor posibilidad de brindarle en un ambiente familiar el calor de un hogar donde se viven los derechos y a su vez, se cumplen unos deberes.

Además, al niño se le conciencia de su situación de abandono, pero en sí no se le habla de sus progenitores ni de su pasado, sino que, con el ejemplo de vida de los responsables de esta institución, muestra a un Dios como padre y amigo cariñoso; asimismo, tratan de representar figuras paternas y sobre todo se les brinda apoyo, confianza, diálogo, se les escucha, para que enfrenten su realidad social con tranquilidad y serenidad; se les da también una formación integral espiritual, moral y educativa.

Además, se les ayuda a que lleguen a un proceso de socialización llevándolos a recibir sus estudios en entidades públicas, lo cual para el niño constituye un reto en la medida gradual en que va entrando en relación con otros niños y con la misma sociedad, no obstante encontrarse en diferentes condiciones frente al hecho que los demás sí gozan de una familia conformada por un papá y una mamá, y ante el hecho que en algunas ocasiones sean considerados por sus compañeritos como niños huérfanos, e inclusive sean tildados por su condición de vida.

Es en este sentido particular que la fundación para ayudar al niño en tales circunstancias, utiliza una pedagogía especial, en la que escucha de él sus dificultades, le brinda amor, cariño y le ayuda a superar esos momentos en los cuales se siente ofendido, lastimado y en algunos casos rechazado.

En la autobiografía del Yo, Jerome Bruner propone rescatar el sentido de la psicología cultural; además considera al ser humano como un narrador que construye historias “cuando contamos estas historias a los demás, puede decirse a casi todos los efectos, que estamos realizando simples acciones narrativas… contamos a los demás sobre nosotros mismos versan sobre esos otros yoes nuestros”, (p. 112).

A través de las relaciones construimos significados y pasamos de una esfera individual a la esfera de las relaciones que se van construyendo a través de las historias que se dan en lo cotidiano; gracias al lenguaje construimos sentido de vida y es este sentido el que nos permite vivir. En este contexto, Bruner agrega que nuestro “yo” va evolucionando, que no es no es un fenómeno estático ni una sustancia, sino una configuración como previsiones de lo que uno va a ser.

Con base en las narraciones relatadas y las demás que se incluyen en este trabajo, es evidente que la construcción de nuestros “yoes” ha sido el producto de las relaciones sociales, circunstanciales y comparativas, que al decir de Bruner toman toda su fuerza:
El Yo, cuando narra, no se limita a contar, sino que además justifica. Y el Yo, cuando es protagonista, siempre está, por así decir, apuntando hacia el futuro… es decir, el narrador no está hablando del pasado, al que casi siempre se refiere en tiempo pasado, sino decidiendo qué sentido narrativo puede dar al pasado en el momento en que lo está contando, (p.119).

En este contexto, KENNETH J., Gergen, en El Yo saturado, y desde un enfoque construccionista, agrega:

Aunque sea cada vez más difícil saber quién es uno, o qué es, la vida social sigue su curso, y en sus relaciones con los demás uno sigue identificándose como tal o cual tipo de persona. Tal vez se identifique como norteamericano en una situación, como irlandés en otra, y a aun como el producto de una mezcla de nacionalidades en una tercera. Uno puede ser femenino para ciertos amigos, masculino entre otros, andrógino con los restantes. Y como esas caracterizaciones públicas del yo resultan eficaces para atender a los desafíos de un mundo social complejo, comienza a desarrollarse una nueva conciencia: la conciencia de la construcción, (p. 190).

Es por lo anterior que el sujeto de la posmodernidad es un sujeto en cambio. Además, el citado autor plantea que no existe una realidad fija ni una verdad fija, sino que las realidades y las verdades se van transformando, en el tiempo y el espacio, según las circunstancias de cada individuo. Por lo tanto, los valores y los conceptos de la familia también han sufrido una transformación, un cambio. De acuerdo con lo comentado, no podríamos definir a un individuo con absoluta precisión.

En consecuencia, según el autor, todo lo que nos rodea contribuye a la construcción del Yo, tal como lo afirma en su escrito cuando especifica el Yo: “ya no se lo define como una esencia en sí, si no como un producto de las relaciones”, (p.191).

Con base en lo anterior, hemos realizado una entrevista que nos presenta una forma actual la construcción del Yo, aun que para Bruner tal concepción puede cambiar.

Camilo
Edad: 13 Años

“Yo nací en un lugar muy pobre, mis papas no tuvieron nada que darme, fui criado por mi abuela maternal y ella se enfermó cuando tenía 9 años.
A partir de allí mi vida ha sido difícil, siempre pienso por qué mis padres me abandonaron y eso me hace sentir como un gusano. Antes de llegar a esta misión, que ahora la considero como mi casa, yo me acuerdo que vivía muy triste, me sentía como una cometa sin cola sin nadie que la pudiera orientar, sentía que no podía con este sentimiento de rabia y mucho odio.
Poco a poco con el trabajo con las hermanas y la profe Patricia me di cuenta que no era responsable de la vida que me había tocado vivir, que podía ser una persona diferente a pesar del dolor que tenia, y que contaba con personas cercanas que me podían brindar afecto y mucho cariño y que yo también podía dar cariño, sobre todo a aprender a dar cariño, ahora recuerdo mi niñez no con dolor ni tristeza sino como cuando era como una oruga, y ahora me he convertido en una gran mariposa, y que si no hubiese sido una oruga no podría convertirme en la mariposa que soy ahora, claro a veces lloro, pero ya no me culpo ni culpo a mis padres pues como sea me dieron la vida y eso ya es mucho.”
Por lo anterior, consideramos que el entrevistar a algunos de los niños que han sido abandonados, y pedirles que narren su propia historia y cómo han percibido el proceso de cambio en su Yo, así como la apercepción que hoy tienen de sus padres con respecto a su situación de abandono, y de qué forma han ido construyendo su identidad en un ambiente diferente al de un núcleo familiar; qué clase de temores tienen; qué conceptos manejan de la familia y específicamente, a quiénes consideran su familia, sus amigos, lo que para Bruner constituye el Yo construido, distribuido y temido.

A través de las narraciones que escuchamos de los niños hemos visto nuevos horizontes de realidades que deben tomarse en cuenta como base fundamental de los diversos estamentos sociales para una serie de acciones efectivas en pro del rescate oportuno y urgente de la gran población de niños afectados por las secuelas que ha dejado esa guerra sin sentido, con toda clase de connotaciones de pobreza, violencia, miseria e indigencia que no cesa de azotar a nuestra sociedad.

Otra idea que nos parece no menos importante, al realizar este trabajo, es el valor que frente a los niños toman: la actitud sincera, la palabra de aliento, el abrazo cariñoso, una simple caricia, la voz de esperanza, la muestra de aprecio, la aceptación sin discriminar, elementos estos que llevarán a elevar la autoestima de los niños, y a que disminuya la tendencia al suicidio, cada vez más frecuente en la época actual. Todo lo cual ayudará a los niños a superar la ausencia de sus progenitores y el conjunto de atenciones que ellos deberían haberles prodigado en su momento oportuno.

Devolver una sonrisa a un niño es una felicidad incomparable anímate…
Referencias bibliográficas:
Arias, N. G., Pinilla, M. F., Botero, A. J. Por una ciudad al alcance de los niños, 1998. Comité Ed. Colsubsidio, Santafé de Bogotá.
Baró, Martín I., “Socialización política: Dos temas críticos”. Boletín de Psicología, 1986.
Jerome, B. “La autobiografía del Yo”. Actos de significado más allá de la revolución cognitiva, pp. 101-153. Alianza.

Kenneth, J. G, “El Yo saturado”. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo.
Pacheco S. Meryi, Psicóloga (Especialista en Terapia Familiar) Entrevista.
Pereira de Gómez, María N. La apercepción familiar del niño abandonado, 1981. Ed. Trillas, México, 1981.


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